jueves, 11 de octubre de 2012

Comida

Desde que llegué, la comida ha sido una preocupación más o menos apremiante. Ya desde el avión el asunto parecía pintar mal, pues la comida levemente plastificada que proveen las principales empresas productoras de alimentos no es muy buena que digamos. Cabe destacar que aún no sé cómo la industria ha logrado darle al huevo esa extraña textura similar al unicel, aunque comestible. Ciertamente la necesidad de empaquetar y transportar esos desayunos ha impulsado la técnica culinaria hacia terrenos inusitados. En fin, luego de la larga espera en la estación de vigilancia y la confiscación de mi preciada miel, mi siguiente misión consistió en encontrar asilo. Habiendo cumplido esa empresa, salí, prácticamente a ciegas, a buscar alimento. Lo primero que elegí fue algo extraño llamado "As chacarero", mas debería llamarse "Haz chaca y caro". el dichoso alimento consiste en un pan como para hot dog algo más largo, con carne de res frita picada y poco sazonada (como si alguien desbaratara un mal taco de suadero, que aún no tiene cebolla ni cilantro), con una consistente y generosa dotación de mayonesa y ejotes picados en tiritas y avinagrados. Cabe destacar que el tal as costó como 50 varos. Así, mi primera aproximación a la comida local resultó algo decepcionante. Poco después me enteré que uno puede conseguir comida chatarra a menor precio y mejor aderezada; en efecto, comprar un as es como comer una torta de la esquina en el DF. El segundo platillo fue una hamburguesa con queso y carente de verduras, acompañada de una magnífica cerveza. Esta vez la experiencia fue mejor, las cervezas que tomé fuero muy buenas, en especial la Gulden Draak, que se dice fue catalogada como la mejor del mundo. Y el tercer encuentro con la comida local (antes ya de establecerme, preparar mis propios insumos y disfrutar de la comida de la cafetería de la universidad) fue algo llamado "Lomito a lo pobre". Una de las cosas que llamaron mi atención fue la frase "a lo pobre" que va con el nombre no sólo del lomito, sino de una multitud de cortes o preparados. el lomito a lo pobre es así: Se toma un filete delgado de lomo y se prepara con cebollas, como un simple bistek encebollado; luego se acompaña con una muy generosa porción de papas a la francesa y dos huevos estrellados encima (sí, dos huevos estrellados encima de las papas y el bistek). Acompañe al lomito con un vaso de cerveza "cristal", que es la principal marca local, de casi medio litro. acabé con el platillo más por orgullo que por hambre, la verdad es que casi me indigesto. También he tenido oportunidad de probar la "sopaipilla", una especie de gordita frita hecha a base de harina de trigo y otros aditivos, quizá azúcar y sal. Propiamente, la sopaipilla se acompaña con una salsa de jitomate picado con cebolla y perejil, pero casi siempre le agregan catsup y mostaza. La sopaipilla en sentido estricto es sólo una botana pasajera, más barata incluso que un gansito. Probablemente un "desayuno de campeones chileno consiste en un cigarro, una sopaipilla y una taza de té. El café es el gran ausente del lugar, pues no hay muchas cafeterías. He aquí una prueba: en un supermercado hay alrededor de 2 estantes cortos de café, uno con café de grano, otro con soluble, y hay largos estantes para el té amarillo, rojo, verde, negro y demás. Me han contado que hay una tradición llamada "tomar 11" que generalmente consiste en tomar té y pan con algún paté o fiambre. Por ende, la variedad de panes salados y fiambre o embutidos es asombrosa. Hasta ahora mi favorito es el jamón acaramelado que, junto a un pan chico llamado hallulla, hace una gran combinación para hacer sandwiches, son algo que sé que extrañaré.

martes, 9 de octubre de 2012

Carmenere

El Carmenere es una cepa de uva vinícola que casi se extingue durante el s. XIX; sin embargo, en 1994 se redescubre en Chile y hoy éste es el único país en el mundo que la produce. El Carmenere bien podría ser un símbolo del redescubrimiento de un pasado que se creía perdido. Hoy, además, volví a escuchar acerca de esas magníficas teorías kantianas sobre el progreso y la historia. Lo que pasó después, el fin del mundo tal y como lo conocían los europeos, puede considerarse como una invitación a repensar lo que sucede en Latinoamérica. El resurgimiento del Carmenere es, desde esa perspectiva, un símbolo poderoso.

domingo, 7 de octubre de 2012

Shelbyville

Durante este viaje me he sentido, en muchas ocasiones, como cuando los Simpsons viajan a Shelbyville, son las pequeñas diferencias las que importan, quizá no cambia el color de los hidrantes, pero sí los tipos de conexión eléctrico; necesito un adaptador para conectar todas mis cosas. El limón, por ejemplo, es grande y amarillo; por otro lado, el pequeño y verde cuesta varias veces más (como unas 10 veces más o algo así). Hacer limonada aquí no sencillo...uno necesita "sucedáneo" de jugo de limón. Nada más ad hoc que aquél capítulo de los Simpsons para ilustrar el punto... Ahora sólo resta que me encuentre a otro Alf, tal como Millhouse...

viernes, 5 de octubre de 2012

Escarcha

En efecto, hace frío en Santiago. Todos dicen que no es normal, que a próximamente cambiará el clima y comenzarán los calores, pero no confío. Lo cierto es que no hace tanto frío como en invierno, cuando las temperaturas usualmente llegan a bajo cero. No, no es para tanto, pero lo suficiente como para quitarle a uno las ganas de salir de la cama. Desde que llegué, el clima ha sido más o menos el mismo, pero durante los últimos dos días la temperatura ha disminuido aun más. En este momento estamos a 12°, pero extrañamente lo siento como si fuesen 7°. Quizá sólo es la falta de una manta portátil, las mantas de la cama son muy gruesas, afortunadamente. Se dice que mañana lloverá, que leves chubascos ocurrirán de vez en cuando y que el frío persistirá. Quizá me percepción aumentada del frío sea proporcional a mi falta de ropa abrigadora. Cuento sólo con el saquito que vestía el día que partí, y una chamarra que compré aquí, gracias a la conjunción de una oferta y una demanda. Quizá me compre un suéter o algo similar, pero capaz que comienzan los calores antes de que me decida. El frío, entre otras cosas, es un obstáculo de la voluntad; la disminuye y la aletarga. Cosas tan simples como lavar los trastes o comprar comida se complican levemente, y un momentáneo titubeo acontece. No obstante, quizá sucede lo mismo con el calor excesivo, o con un clima templado, y todo se deba a una fractura primaria en la voluntad de cada quien. Quizá incluso sea una falta de práctica, por decirlo así, del ejercicio de la deliberación.

jueves, 4 de octubre de 2012

El primer día

Resulta difícil expresar todo lo que he sentido durante esta última semana. Lo cierto es que, desde que reía con mis amigos en el Salón Madrid, no estaba precisamente emocionado por el viaje. La emoción se fue depurando de a poco, como la espuma de la cerveza achocolatada llamada "Media Luna" que me tomé en el Aeropuerto; como los últimos minutos de la última llamada que realicé en la Ciudad. Luego de eso, las emociones se aceleraron como el avión mismo. El encanto de escuchar "Let's get out of this country" mientras éste hace su despegue, la maravillosa vista de la Ciudad, chiquita y llena de luces, el tener a la Estrella del Sur justo en la línea del horizonte, simplemente apresuraron y perfeccionaron las sensaciones que sólo algo hecho por vez primera puede producir. Ni siquiera la extraña comida del avión, y el buen vino Santa Ana que sirvieron, pudieron habituarme a la experiencia; aún miraba furtivamente a la ventana, mientras los más experimentados se distraían con la tal película de Blancanieves, o simplemente se arropaban con sus mantas de ocasión para dormir. No, yo debía seguir escudriñando a través de esas nubes negras y esa turbulencia estremecedora. Después, el sueño terminó por vencerme, como a eso de las 6 de la mañana, hora de la Ciudad de México. Al llegar pude recordar con inusitada prontitud que seguí viviendo en un mundo regido por hombres. Me bajé del avión, y luego de un no muy largo periplo y el pago de un impuesto sorpresivo, la aduana decomisó algunas de mis viandas: mi miel y mi carne seca. Hasta la fecha (una semana después) aún no he encontrado productos que se les parezcan. Las reglas razonables justifican el decomiso, incluso si yo no concuerdo con ello. Luego, una marea de taxistas me acosan con sus no-muy-atractivas-ofertas y debo lidiar para quitármelos de encima. En su chamba, deben aumentar sus probabilidades de éxito. Intercambio unos cuantos pesos (los dólares casi de nada sirven) y me dirijo al autobus, que por casi el 10% de la mejor oferta taxista me llevará a la estación de metro más cercana. Las manifestaciones estudiantiles cortan el paso, así que esa estación está algo retirada del centro de Santiago, aunque sólo un poco. Habiendo llegado al centro, la siguiente prioridad es conseguir alojamiento y comida. El alojamiento fue harto sencillo, no así la comida. Ése es, sin duda, un tema pendiente. Así fue el primer día. Más adelante diré cómo me pareció la comida, qué diferencias idiomáticas he encontrado y cómo me ha parecido la gente de este país.