viernes, 5 de octubre de 2012
Escarcha
En efecto, hace frío en Santiago. Todos dicen que no es normal, que a próximamente cambiará el clima y comenzarán los calores, pero no confío. Lo cierto es que no hace tanto frío como en invierno, cuando las temperaturas usualmente llegan a bajo cero. No, no es para tanto, pero lo suficiente como para quitarle a uno las ganas de salir de la cama. Desde que llegué, el clima ha sido más o menos el mismo, pero durante los últimos dos días la temperatura ha disminuido aun más. En este momento estamos a 12°, pero extrañamente lo siento como si fuesen 7°. Quizá sólo es la falta de una manta portátil, las mantas de la cama son muy gruesas, afortunadamente. Se dice que mañana lloverá, que leves chubascos ocurrirán de vez en cuando y que el frío persistirá.
Quizá me percepción aumentada del frío sea proporcional a mi falta de ropa abrigadora. Cuento sólo con el saquito que vestía el día que partí, y una chamarra que compré aquí, gracias a la conjunción de una oferta y una demanda. Quizá me compre un suéter o algo similar, pero capaz que comienzan los calores antes de que me decida.
El frío, entre otras cosas, es un obstáculo de la voluntad; la disminuye y la aletarga. Cosas tan simples como lavar los trastes o comprar comida se complican levemente, y un momentáneo titubeo acontece. No obstante, quizá sucede lo mismo con el calor excesivo, o con un clima templado, y todo se deba a una fractura primaria en la voluntad de cada quien. Quizá incluso sea una falta de práctica, por decirlo así, del ejercicio de la deliberación.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario