jueves, 4 de octubre de 2012

El primer día

Resulta difícil expresar todo lo que he sentido durante esta última semana. Lo cierto es que, desde que reía con mis amigos en el Salón Madrid, no estaba precisamente emocionado por el viaje. La emoción se fue depurando de a poco, como la espuma de la cerveza achocolatada llamada "Media Luna" que me tomé en el Aeropuerto; como los últimos minutos de la última llamada que realicé en la Ciudad. Luego de eso, las emociones se aceleraron como el avión mismo. El encanto de escuchar "Let's get out of this country" mientras éste hace su despegue, la maravillosa vista de la Ciudad, chiquita y llena de luces, el tener a la Estrella del Sur justo en la línea del horizonte, simplemente apresuraron y perfeccionaron las sensaciones que sólo algo hecho por vez primera puede producir. Ni siquiera la extraña comida del avión, y el buen vino Santa Ana que sirvieron, pudieron habituarme a la experiencia; aún miraba furtivamente a la ventana, mientras los más experimentados se distraían con la tal película de Blancanieves, o simplemente se arropaban con sus mantas de ocasión para dormir. No, yo debía seguir escudriñando a través de esas nubes negras y esa turbulencia estremecedora. Después, el sueño terminó por vencerme, como a eso de las 6 de la mañana, hora de la Ciudad de México. Al llegar pude recordar con inusitada prontitud que seguí viviendo en un mundo regido por hombres. Me bajé del avión, y luego de un no muy largo periplo y el pago de un impuesto sorpresivo, la aduana decomisó algunas de mis viandas: mi miel y mi carne seca. Hasta la fecha (una semana después) aún no he encontrado productos que se les parezcan. Las reglas razonables justifican el decomiso, incluso si yo no concuerdo con ello. Luego, una marea de taxistas me acosan con sus no-muy-atractivas-ofertas y debo lidiar para quitármelos de encima. En su chamba, deben aumentar sus probabilidades de éxito. Intercambio unos cuantos pesos (los dólares casi de nada sirven) y me dirijo al autobus, que por casi el 10% de la mejor oferta taxista me llevará a la estación de metro más cercana. Las manifestaciones estudiantiles cortan el paso, así que esa estación está algo retirada del centro de Santiago, aunque sólo un poco. Habiendo llegado al centro, la siguiente prioridad es conseguir alojamiento y comida. El alojamiento fue harto sencillo, no así la comida. Ése es, sin duda, un tema pendiente. Así fue el primer día. Más adelante diré cómo me pareció la comida, qué diferencias idiomáticas he encontrado y cómo me ha parecido la gente de este país.

2 comentarios:

  1. Las tres bolas del Madrid, la media luna del aeropuerto y el vino Santa Ana, ¿No habrás vomitado arriba del avión o al bajar y por eso te quitaron tus viandas? y tal vez por eso creíste que los taxistas eran unos acosadores jajajaja. Creo que un mejor titulo para tu blog sería un samshik en Santiago o "Alejandro" en Santiago (jijiji).

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  2. Ash, Bidirto, se me fue bajando de a poco, no me tomé todo de un jalón. Y le puse al blog el nombre clave alfie porque es más genérico que el samshik. Y me quitaron mi miel a la malagueña.

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